Todos llevamos en nuestro recuerdo, aquellos días en los que nuestros padres nos llevaban a la oficina a pasar el día. Nos acordamos de lo que nos hacían hacer para mantenernos entretenidos, de los elementos de las oficinas, y por sobre todas las cosas nos acordamos de las pesonas que formaban parte de ese día.
Ayer tuvimos una visita acá en la oficina. Vino Agustín, el hijo de una de mis compañeras de trabajo. Agustín estuvo jugando a la play un poco. Agustín le escribió la carta a papá Noel. Agustín se empezó a aburrir.
Vivi, su mamá, al ver que el nene ya estaba embolado, dijo:
-Bueno, ahora vamos al kiosko, y compramos un mazo de cartas y jugás a la casita robada con Maru.
A mí no me molestó, dado que había estado bastante desocupada durante el día, y en Facebook no había nada divertido, porque ya lo había navegado todo.
Vinieron las cartas y empezamos a jugar.
Y se puso divertido el tema. Yo lo super bardeaba, y él después me bardeaba con las mismas frases con las que yo lo bardeaba. Los dos nos divertimos mucho. Jugamos a la casita robada, y me ganó él. Jugamos a la guerra ( a ese nunca había jugado) y me ganó él. Por suerte tuve mi revancha con el culo sucio, en el cual salí victoriosa.
Hoy llegué y le pregunté a Vivi cómo le había a Agustín con Papá Noel.(Verlo a Papá Noel había sido la forma de convencerlo de que venga a pasar el día a la oficina)
-Bien. ¡Ah! Ayer en casa le pregunté qué fue lo que más le había gustado de ir a la oficina, y me dijo que jugar a las cartas con Maru porque fue re divertido.
Me sentí trascendente.
Pasé a formar parte de los recuerdos de infancia de una persona, y fue una de las sensaciones más lindas que viví en mi vida.
miércoles, 23 de diciembre de 2009
martes, 22 de diciembre de 2009
La mitad del vaso lleno
Yo, la persona que suele ver la mitad del vaso vacío , quiero declararle al mundo que encontré la ventaja de empezar a trabajar en enero y no tener vacaciones.
No tengo que ponerme ninguna bikini después de las maratones gastrónomicas de las fiestas
Envídienme, bastardas que se van a tomar una caipi en Brasil.
No tengo que ponerme ninguna bikini después de las maratones gastrónomicas de las fiestas
Envídienme, bastardas que se van a tomar una caipi en Brasil.
sábado, 21 de noviembre de 2009
La fantasía de aquello que nunca pensamos ser


Ayer estaba hablando con mi amiga Anita sobre los reality. No los Gran Hermano. Si no los que se centran en alguna profesión y los concursantes tienen que ir atravesando desafíos. Las dos concordábamos en que había algo de ese tipo de realities que los tornaban adictivos. Desde el de las modelos, pasando por el de los cocineros y hasta el de los diseñadores de ropa. Hasta me he llegado a enganchar en uno que se llamaba "Pussicat Dolls" que era para entrar en un grupo de cabereteras con nivel de Estados Unidos.
Quizás es la curiosidad de meternos en un mundo ajeno. Soy abogada y paralelamente actriz. Probablemente un reality de abogados me aburriría, además de que porque los abogados suelen ser aburridos, porque es un mundo que ya conozco. Un reality sobre actores, quizás también. OK, quizás no me aburrirían, pero no me causarían tanta intriga como estos otros, que se tratan de mundos que jamás pensé en penetrar. Profesiones que nunca estuvieron en mi lista de posibles carreras. Profesiones que D'Alfonso (el insituto de diágnostico vocacional al que fui a los 17 años) no tuvo en cuenta al darme el resultado de mi test vocacional.
Este sábado de lluvia, prendí la tele y justo estaba Top Design.Es un reality sobre diseañodres de interiores, que Anita me comentó que estaba bueno, pero yo nunca lo había visto. Agarré los últimos quince minutos. Nunca lo había visto. Por lo tanto nunca había desarrollado ningún tipo de afinidad con ninguno de los concursatentes. Pero me quedé viéndolo.
Y me di cuenta cuenta de cuál es el compontente adictivo de estos realitites. Nos hacen fantasear por unos minutos en qué hubiésemos sido de no haber sido lo que elegimos. En qué podríamos haber sido buenos, incluso, mejores, quizás, que en lo que elegimos ser.
Una vocecita dentro de mí, decía, mientras estaba delante del televisor:
"Me hubiese dado maña como diseñadora de interiores."
domingo, 1 de noviembre de 2009
Mi héroe de domingo lluvioso
Voy a cargar nafta.
Hay un poco de lío en la estación de servicio, con lo cual los clientes estaban un poco despistados de por donde era la cola.
Me pongo por donde puedo, y al instante el chico de la estación de servicio me hace señas de que vaya a determinado surtidor. Otro auto trata de avanzar hacia el mismo surtidor, y el chico le hace señas de que no, que yo estoy primero. Me defendió y evitó que se me colen. Le agradecí.
Termino de cargar nafta, pago, y después le doy dos pesos en monedas. A lo que él responde:
-Gracias, belleza.
Gracias a vos, mi héroe de domingo lluvioso.
Hay un poco de lío en la estación de servicio, con lo cual los clientes estaban un poco despistados de por donde era la cola.
Me pongo por donde puedo, y al instante el chico de la estación de servicio me hace señas de que vaya a determinado surtidor. Otro auto trata de avanzar hacia el mismo surtidor, y el chico le hace señas de que no, que yo estoy primero. Me defendió y evitó que se me colen. Le agradecí.
Termino de cargar nafta, pago, y después le doy dos pesos en monedas. A lo que él responde:
-Gracias, belleza.
Gracias a vos, mi héroe de domingo lluvioso.
jueves, 29 de octubre de 2009
Esa triste sensación de haberse quedado atrás.
Quedarse atrás y/o ser dejado atrás no está bueno.
En el correr de mi vida, me ha pasado varias veces de tener esa sensación.
Remontándome a mis épocas del colegio, ser dejada atrás en las carreras de resistencia, Tess de Coupper o alguna de esas cosas, era feo. No por el hecho en sí, si no por la sensación de ser una hormiguita chiquita, que va última, que, indefectiblemente, va a tardar más que lo demás en llegar.
Otro de los momentos en el que uno se siente que se quedó atrás, es cuando uno tarda un tiempo prolongado en sanar una herida del corazón, y de repente, uno se entera que amiga,que cortó hace dos meses con el novio de hace dos años, ya anda con otro. Yo me hago el autodiscurso, de que es mejor ser dejado atrás que no vivir el duelo correspondiente, pero aún así, la sensación es que uno se quedó atrás. Como estar jugando al Pac Man y que a vos te coman siempre los monstruitos, y los otros pasen al otro nivel sin esfuerzo.
Ver a personas de tu misma edad que ya tienen en claro qué van a hacer de sus vidas profesionales, también genera esa situación. Enterarte que tal consiguió un trabajo bastante pasable, y que vos todavía no , porque, no sabés muy bien de qué querés trabajar, es, quedarte atrás.
Hoy en mi clase de entrenamiento corporal ( una clase que se trabaja elongación postura, de todo un poco y es ¡bastante difícil!), llegó el momento de un ejercicio que lo habíamos hecho la clase anterior pero a casi nadie le había salido. Uno tiene que empezar el ejercicio en posición de niño (es decir, sentada, pero apoyando la cola en talones y con el empeina apoyado en el piso). Luego por fuerza abdominal y sin ayuda de las manos, ni de nada, dando un empujón, te tenés que parar.
Como el martes lo habíamos hecho, y a nadie le había salido, yo supuse que, otra vez, a nadie le iba a salir. Que íbamos a intentarlo, e íbamos a pasar a otro ejercicio, y ya. Fin de la historia.
Pero resulta que de repente a una le salíó perfecto. Y luego a la otra y a la otra, y así sucesivamente, hasta que a la única que no le había salido era a mí.
Yo estaba desconcertada. ¿No teníamos una suerte de pacto social implícito de que el ejercicio era muy difícil y que no nos iba a salir? ¿Tan facil rompen un contrato? ¡Yo no estoy de acuerdo con romperlo!
Lo intenté de vuelta y me salió.
No por la fuerza abdominal.
No porque le perdí el miedo al ejercicio.
Sino por la desesperación de,una vez más, haberme quedado atrás.
En el correr de mi vida, me ha pasado varias veces de tener esa sensación.
Remontándome a mis épocas del colegio, ser dejada atrás en las carreras de resistencia, Tess de Coupper o alguna de esas cosas, era feo. No por el hecho en sí, si no por la sensación de ser una hormiguita chiquita, que va última, que, indefectiblemente, va a tardar más que lo demás en llegar.
Otro de los momentos en el que uno se siente que se quedó atrás, es cuando uno tarda un tiempo prolongado en sanar una herida del corazón, y de repente, uno se entera que amiga,que cortó hace dos meses con el novio de hace dos años, ya anda con otro. Yo me hago el autodiscurso, de que es mejor ser dejado atrás que no vivir el duelo correspondiente, pero aún así, la sensación es que uno se quedó atrás. Como estar jugando al Pac Man y que a vos te coman siempre los monstruitos, y los otros pasen al otro nivel sin esfuerzo.
Ver a personas de tu misma edad que ya tienen en claro qué van a hacer de sus vidas profesionales, también genera esa situación. Enterarte que tal consiguió un trabajo bastante pasable, y que vos todavía no , porque, no sabés muy bien de qué querés trabajar, es, quedarte atrás.
Hoy en mi clase de entrenamiento corporal ( una clase que se trabaja elongación postura, de todo un poco y es ¡bastante difícil!), llegó el momento de un ejercicio que lo habíamos hecho la clase anterior pero a casi nadie le había salido. Uno tiene que empezar el ejercicio en posición de niño (es decir, sentada, pero apoyando la cola en talones y con el empeina apoyado en el piso). Luego por fuerza abdominal y sin ayuda de las manos, ni de nada, dando un empujón, te tenés que parar.
Como el martes lo habíamos hecho, y a nadie le había salido, yo supuse que, otra vez, a nadie le iba a salir. Que íbamos a intentarlo, e íbamos a pasar a otro ejercicio, y ya. Fin de la historia.
Pero resulta que de repente a una le salíó perfecto. Y luego a la otra y a la otra, y así sucesivamente, hasta que a la única que no le había salido era a mí.
Yo estaba desconcertada. ¿No teníamos una suerte de pacto social implícito de que el ejercicio era muy difícil y que no nos iba a salir? ¿Tan facil rompen un contrato? ¡Yo no estoy de acuerdo con romperlo!
Lo intenté de vuelta y me salió.
No por la fuerza abdominal.
No porque le perdí el miedo al ejercicio.
Sino por la desesperación de,una vez más, haberme quedado atrás.
martes, 20 de octubre de 2009
Especial Día de la Madre retrasado
Acá va una conversación telefónica en colectivo, que presencié. Está vinculada con el día de la madre.
Estudiante femenina de derecho, viajando en el 67 yendo a la facultad está hablando con su aparente novio, con un tono de super boluda (esto me hace preguntar cómo hacen los novio de este tipo de chicas para aguantarlas, pero eso es motivo de toda otra entrada del blog).
-¿Le gustó el perfume a tu mamá? - por como lo dijo, supuse que fueron a comprarlo juntos.
-Sí- al menos eso imaginé que conestaba la voz en el teléfono.
-¿ Y a Liliana?
-No, me dijo que era muy fuerte para ella -otra vez, lo que yo imaginé que el novio dijo.
-Bueno, si te regalan un perfume y no te gusta, los usás veinte veces hasta que te empiece a gustar. O no sé, lo usás para ir a verdulería.
De la siguiente conversación saco dos conclusiones:
1) Entiendo a las suegras que odian a sus nueras.
2) Si he de ser madre de un varón alguna vez, ruego a Dios que mi hijo no tenga una novia así.
Estudiante femenina de derecho, viajando en el 67 yendo a la facultad está hablando con su aparente novio, con un tono de super boluda (esto me hace preguntar cómo hacen los novio de este tipo de chicas para aguantarlas, pero eso es motivo de toda otra entrada del blog).
-¿Le gustó el perfume a tu mamá? - por como lo dijo, supuse que fueron a comprarlo juntos.
-Sí- al menos eso imaginé que conestaba la voz en el teléfono.
-¿ Y a Liliana?
-No, me dijo que era muy fuerte para ella -otra vez, lo que yo imaginé que el novio dijo.
-Bueno, si te regalan un perfume y no te gusta, los usás veinte veces hasta que te empiece a gustar. O no sé, lo usás para ir a verdulería.
De la siguiente conversación saco dos conclusiones:
1) Entiendo a las suegras que odian a sus nueras.
2) Si he de ser madre de un varón alguna vez, ruego a Dios que mi hijo no tenga una novia así.
martes, 13 de octubre de 2009
Señales del paso del tiempo
Señales de que uno se va poniendo viejo:
- El patova del boliche te respeta.
- Si la cola de un boliche tiene más de tres personas, te parece larguísima y ya te estás imaginando lo cálida que debe estar tu cama.
- Ya no te averguenza salir con tus padres.
- Los piropos de los porteros y de los obreros te halagan, cuando antes te causaban rechazo.
- Empezás a combinar la ropa, casi tan meticulosamente como tu madre.
- Ya no se te cruza por la cabeza salir "con una buzito" los días de invierno.
- Te empezás a preocupar por la ley de gravedad y te das cuenta de que, por más mal que te pese, no podés dejar de ir al gimnasio.
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