martes, 12 de enero de 2010

Días de enero

Le estoy empezando a tomar el gustito a esto de trabajar en enero. Aquí van algunos pequeños placeres de los días de enero en una oficina.
  • Mi jefa está en Mar del Plata ( al menos hasta el viernes), con lo cual manda algún que otro mail por día, a diferencia de los 17 que suele mandar cuando está acá.
  • Puedo andar descalza sin la amenaza de que pueda entrar alguien.
  • Puedo estar con las patas arriba del escritorio (como estoy en este momento).
  • Puedo escuchar la música que quiera sin el pudor de que a mis compañeros les moleste.
  • Puedo irme a trabajar al despacho de mi jefa, que tiene un asiento sueper archi cómodo y un plasma gigante.
  • Puedo tomar mate en cualquier mate y / o termo, ya que ninguno de sus dueños está en este momento en la oficina.
  • Puedo almorzar con Moni ( la secretaria de mi jefa) en el despacho anteriormente mencionado, mirando Friends.
Enero en Buenos Aires no está resultando tan duro después de todo.

¡Ah! Finalmente, dado que ayer a la madrugada hubo una super tormenta y hoy a la mañana la temperatura había descendido 15 grados, no pude estrenarme las sandalias que me compré ayer. Fue un poco frustante, pero aún tengo en qué pensar hoy cuando me vaya a dormir. (¿Aunque, pensándolo bien, no será una señal de que las tengo que ir a cambiar y recuperar mi identidad?)

Anécdota curiosa que no quiero dejar de comentar: hoy cuando estaba saliendo de mi casa (estaba vestida bastante formal) mi padre me dijo que me era toda una empleada administrativa.
-No es un halago eso, pá- le dije
-Pero una empleada administrativa de 24 años, no de 55.
-Aún así, sigue sin ser un halago.

Entre los zapatos de taco de ayer y los comentarios de mi padre, mi identidad está siendo oficialmente ultrajada.

lunes, 11 de enero de 2010

En los zapatos de otra

Hoy salí del trabajo y esuché a dos mujeres en la calle comentando sobre las ofertas de Falabella.
Decídí ir a pispear. Agarré Florida, y me detuve en una casa de zapatos.
Le pedí al chico un par de zapatos.
El chico me trajo los zapatos.
Cuando me los iba a probar me di cuenta de que no eran lo mismos. Eran unos exactamente iguales, pero con más taco. Los que le había pedido tenía un taco, pero pequeño. Yo no uso taco. Tengo el complejo de corpachona y siento que si me pongo un taco con algunos centímetros soy un traba, y me siento muy poco sexy. Y además, me siento expuesta. Como que al estar más alto, estás más a la vista de la gente. En cambio, al estar más bajo, uno se amalgama mejor entre la multitud.
Decidí probármelos, mientras el chico me iba a buscar los otros, los de menos taco, los que usualmente, me hubiese comprado.
Estos, los más altos, me quedaban divinos. Me hacían sentir sexy, más femenina y juguetona. No sé cómo explicarlo.
Fantaseé por unos instantes con la idea de comprarme los más altos, como un acto de rebeldía a mis predecibles zapatos sin taco; como jugar a ser otra persona; ponerse en los zapatos de otra. Me empecé a imaginar a mí misma caminando por la calle Florida con esos zapatos, y me encantaba.
Vino el chico con los otros zapatos, a esta altura, los "aburridos". Me los probé; eran mucho menos vertiginosos, menos juguetones.
Yo siempre pienso a la moda como una cuestión de identidad. Hay muchas cosas que se usan, pero que no tienen nada que ver conmigo, y que de ponérmelas, estaría traicionando mi esencia. Yo elijo cada prenda con ciertas máximas que deben conjugarse: exclusividad de la prenda (no en el sentido de cara, sino en el sentido, de que no sea una prenda que se vea por doquier en la calle), originalidad (va de la mano con exclusividad) y conexión con el estilo de uno.
Tenía en un pie el zapato vertigionoso, y en el otro el aburrido.
Me pregunté por un segundo si comprándome el alto no me estaría traicionando, ya que era una zapato de moda, nada original y que violaba mi indeclinable estilo de zapato sin taco.
Me pregunté si comprándomelos, se me ultrajaría de algún modo la integridad. Pero la sensación de querer caminar con esos zapatos por la calle Florida, pudo más.
Los tengo acá, al lado mío y ya tengo el outfit para estrenármelos mañana.
Mañana veré qué pasa con toda esa neurosis de la identidad.
Pero hoy, me voy a dormir pensando en que mañana, voy a caminar por el microcentro con la frente bien en alto, y con tacos. Las vueltas que da la vida...

martes, 5 de enero de 2010

Crónica de no dar pie con bola

Luego de una jornada de trabajo agobiante, llego a mi casa con la idea de cambiarme e irme a al gimnasio, ya que podía enganchar una de esas que se dan piñas al aire, y que si bien poco aprendés de defensa personal, sirve para exorcisar algunos demonios que se cultivaron dentro de mí durante mi día laboral.
Llego al gimnasio, agarro la toalla ( mi gimnasio provee de toallitas a sus socios), subo al tercer piso. Me encuentro con las luces apagadas.
Bajo, le digo a la chica de recepción, con una expresión de muy pocos amigos .
-¿Hoy no está la clase de las ocho?
-Mauri no está.- ¿De quién me estás hablando?, no sé el nombre del profesor, sólo que sé que dan piñas al aire. Nunca me percaté del nombre del sujeto que daba la clase.
La miré con cara de que me digas más porque "Mauri no está" no aclaraba mis dudas.
-Las clases vuelven cuando vuelva Mauri.-ahí entendí que Mauri efectivamente era el profesor y estaba de vacaciones.
Genial- dije, volví a dejar la toalla, y me fui.
Volvi a mi casa, sin haber transpirado una gota, sin haber bajado una caloría y sin haber pegado una piña al aire.
Y encima el señor de abajo de mi casa, se va a preguntar por qué esta boluda sale vestida de gimnasio y vuelve a los cinco minutos.

Ah, y a la mañana me olvidé el tapper con el salpicado de pollo, un durazno y una manzana en la heladera.

Hoy, claramente, no es mi día señores.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Aquellos recuerdos de oficina

Todos llevamos en nuestro recuerdo, aquellos días en los que nuestros padres nos llevaban a la oficina a pasar el día. Nos acordamos de lo que nos hacían hacer para mantenernos entretenidos, de los elementos de las oficinas, y por sobre todas las cosas nos acordamos de las pesonas que formaban parte de ese día.
Ayer tuvimos una visita acá en la oficina. Vino Agustín, el hijo de una de mis compañeras de trabajo. Agustín estuvo jugando a la play un poco. Agustín le escribió la carta a papá Noel. Agustín se empezó a aburrir.
Vivi, su mamá, al ver que el nene ya estaba embolado, dijo:
-Bueno, ahora vamos al kiosko, y compramos un mazo de cartas y jugás a la casita robada con Maru.

A mí no me molestó, dado que había estado bastante desocupada durante el día, y en Facebook no había nada divertido, porque ya lo había navegado todo.

Vinieron las cartas y empezamos a jugar.

Y se puso divertido el tema. Yo lo super bardeaba, y él después me bardeaba con las mismas frases con las que yo lo bardeaba. Los dos nos divertimos mucho. Jugamos a la casita robada, y me ganó él. Jugamos a la guerra ( a ese nunca había jugado) y me ganó él. Por suerte tuve mi revancha con el culo sucio, en el cual salí victoriosa.

Hoy llegué y le pregunté a Vivi cómo le había a Agustín con Papá Noel.(Verlo a Papá Noel había sido la forma de convencerlo de que venga a pasar el día a la oficina)
-Bien. ¡Ah! Ayer en casa le pregunté qué fue lo que más le había gustado de ir a la oficina, y me dijo que jugar a las cartas con Maru porque fue re divertido.

Me sentí trascendente.
Pasé a formar parte de los recuerdos de infancia de una persona, y fue una de las sensaciones más lindas que viví en mi vida.

martes, 22 de diciembre de 2009

La mitad del vaso lleno

Yo, la persona que suele ver la mitad del vaso vacío , quiero declararle al mundo que encontré la ventaja de empezar a trabajar en enero y no tener vacaciones.

No tengo que ponerme ninguna bikini después de las maratones gastrónomicas de las fiestas

Envídienme, bastardas que se van a tomar una caipi en Brasil.

sábado, 21 de noviembre de 2009

La fantasía de aquello que nunca pensamos ser










Ayer estaba hablando con mi amiga Anita sobre los reality. No los Gran Hermano. Si no los que se centran en alguna profesión y los concursantes tienen que ir atravesando desafíos. Las dos concordábamos en que había algo de ese tipo de realities que los tornaban adictivos. Desde el de las modelos, pasando por el de los cocineros y hasta el de los diseñadores de ropa. Hasta me he llegado a enganchar en uno que se llamaba "Pussicat Dolls" que era para entrar en un grupo de cabereteras con nivel de Estados Unidos.
Quizás es la curiosidad de meternos en un mundo ajeno. Soy abogada y paralelamente actriz. Probablemente un reality de abogados me aburriría, además de que porque los abogados suelen ser aburridos, porque es un mundo que ya conozco. Un reality sobre actores, quizás también. OK, quizás no me aburrirían, pero no me causarían tanta intriga como estos otros, que se tratan de mundos que jamás pensé en penetrar. Profesiones que nunca estuvieron en mi lista de posibles carreras. Profesiones que D'Alfonso (el insituto de diágnostico vocacional al que fui a los 17 años) no tuvo en cuenta al darme el resultado de mi test vocacional.

Este sábado de lluvia, prendí la tele y justo estaba Top Design.Es un reality sobre diseañodres de interiores, que Anita me comentó que estaba bueno, pero yo nunca lo había visto. Agarré los últimos quince minutos. Nunca lo había visto. Por lo tanto nunca había desarrollado ningún tipo de afinidad con ninguno de los concursatentes. Pero me quedé viéndolo.
Y me di cuenta cuenta de cuál es el compontente adictivo de estos realitites. Nos hacen fantasear por unos minutos en qué hubiésemos sido de no haber sido lo que elegimos. En qué podríamos haber sido buenos, incluso, mejores, quizás, que en lo que elegimos ser.
Una vocecita dentro de mí, decía, mientras estaba delante del televisor:
"Me hubiese dado maña como diseñadora de interiores."




domingo, 1 de noviembre de 2009

Mi héroe de domingo lluvioso

Voy a cargar nafta.
Hay un poco de lío en la estación de servicio, con lo cual los clientes estaban un poco despistados de por donde era la cola.
Me pongo por donde puedo, y al instante el chico de la estación de servicio me hace señas de que vaya a determinado surtidor. Otro auto trata de avanzar hacia el mismo surtidor, y el chico le hace señas de que no, que yo estoy primero. Me defendió y evitó que se me colen. Le agradecí.
Termino de cargar nafta, pago, y después le doy dos pesos en monedas. A lo que él responde:

-Gracias, belleza.

Gracias a vos, mi héroe de domingo lluvioso.