- Mi jefa está en Mar del Plata ( al menos hasta el viernes), con lo cual manda algún que otro mail por día, a diferencia de los 17 que suele mandar cuando está acá.
- Puedo andar descalza sin la amenaza de que pueda entrar alguien.
- Puedo estar con las patas arriba del escritorio (como estoy en este momento).
- Puedo escuchar la música que quiera sin el pudor de que a mis compañeros les moleste.
- Puedo irme a trabajar al despacho de mi jefa, que tiene un asiento sueper archi cómodo y un plasma gigante.
- Puedo tomar mate en cualquier mate y / o termo, ya que ninguno de sus dueños está en este momento en la oficina.
- Puedo almorzar con Moni ( la secretaria de mi jefa) en el despacho anteriormente mencionado, mirando Friends.
¡Ah! Finalmente, dado que ayer a la madrugada hubo una super tormenta y hoy a la mañana la temperatura había descendido 15 grados, no pude estrenarme las sandalias que me compré ayer. Fue un poco frustante, pero aún tengo en qué pensar hoy cuando me vaya a dormir. (¿Aunque, pensándolo bien, no será una señal de que las tengo que ir a cambiar y recuperar mi identidad?)
Anécdota curiosa que no quiero dejar de comentar: hoy cuando estaba saliendo de mi casa (estaba vestida bastante formal) mi padre me dijo que me era toda una empleada administrativa.
-No es un halago eso, pá- le dije
-Pero una empleada administrativa de 24 años, no de 55.
-Aún así, sigue sin ser un halago.
Entre los zapatos de taco de ayer y los comentarios de mi padre, mi identidad está siendo oficialmente ultrajada.


